martes, 28 de septiembre de 2010

Despierta Venezuela

Parece ser que algo empieza a cambiar en Venezuela. La noche del 26 de septiembre del 2010 fue larga pero cargada de esperanza y con ella amaneció un nuevo día, resplandeciente y clarificador. Por primera vez en 11 años la oposición le ha puesto la zancadilla a ese dictadorzuelo del siglo XXI, a ese iluminado al más puro estilo decimonónico. Algo empieza a cambiar en Venezuela.

El triunfo de la oposición a Chávez es importantísimo, por un lado demuestra que el pueblo venezolano ha despertado ante la falta de libertad y el gobierno de un tirano del tres al cuarto, y por otro, demuestra el valor de que los políticos son los representantes elegidos por el pueblo para que los dirija y no al revés que él se elija para dirigir al pueblo en contra de la voluntad de este.

Todavía les queda mucho camino por recorrer, a Chávez le quedan dos años de dictadura en los que aún le puede hacer mucho daño a su pueblo, pero yo confío en que sean los últimos y que al terminar su “mandato” sea juzgado como se merece.

No se puede consentir que un político se erija en salvador iluminado por la gracia de dios sabe quien para gobernar de por vida a un pueblo sometido a su voluntad por medio de la coacción, la intimidación, el miedo y la represión. Esta es la democracia equivocada, la que da la “legitimidad” de las urnas para aferrarse a un poder que no le corresponde.

La figura del dictador es tan antigua como la democracia misma y ya en el Mundo Antiguo se le daban plenos poderes, de dictador o tirano, a su gobernante ante una amenaza real y exclusivamente durante el tiempo que durase tal amenaza. También condenaban y expulsaban a todo aquel que cruzada esa línea tan delgada entre el poder electo y el poder tiránico. El «ostracismo» fue instaurado en Atenas en el año 510 a.C. por Clístenes para luchar contra la tiranía y consistía en el destierro de un ciudadano no grato o peligroso para el bien común.

Hoy, son las urnas las que ponen de manifiesto el ostracismo al político, el sentir popular, por ello las elecciones deben ser claras, transparentes, legales y “limpias”, en las que cada ciudadano premie o condene a sus dirigentes, bien no volviendo a darle su apoyo o bien eligiendo a otro para que intente hacerlo mejor. El problema surge cuando no existe esa libertad para poder manifestarse libremente en las urnas, por ello es necesaria la presencia de observadores internacionales para verificar que se procede de acuerdo a la legalidad.

Chávez tiene el tiempo justo de rectificar antes de que lo defenestren de una vez por todas y el pueblo de Venezuela tiene ahora la oportunidad de hacer que así sea. De ellos depende.

Quero mostrar mi apoyo a los venezolanos, con los que me unen ciertas relaciones familiares, y toda mi repulsa para ese iluminado que los está condenando en vida a un infierno que no se merecen y en el que si alguien debe de arder, ese debe ser el bolivariano.

Foto: Hugo Chávez ayer en su comparecencia ante los medios tras los resultados de las elecciones.

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