martes, 10 de agosto de 2010

El pensionazo y la rumbosa De la Vega

Os pongo una carta que me ha enviado Carlos y que me ha parecido muy interesante para los tiempos que corren en nuestro país, en el que la catadura moral y no tan moral de nuestros políticos no tiene límites. La carta es de Inocencio Arias, diplomático de profesión y con una dilatada carrera fuera de nuestras fronteras desde hace muchos años y con los diferentes gobiernos que hemos tenido. Creo que no tiene desperdicio y si él se siente así ¿cómo nos sentiremos los ciudadanos de a pie que somos quienes pagamos los desmanes y abusos de nuestros dirigentes?

La carta es la siguiente y que cada uno saque sus propias conclusiones.

“Hace un año, como Cónsul en Los Ángeles, quise hacer mi visita anual a Arizona, estado situado en mi demarcación. Quería hablar con las autoridades, ver posibilidades de cualquier tipo para España y, sobre todo, ayudar a una quincena de descendientes de españoles ansiosos por obtener la nacionalidad al amparo de la reciente Ley de la Memoria Histórica... Siendo personas de edad, tomar el avión hasta Los Ángeles resultaba un engorro para ellos y concluí que no se me caían los anillos si me presentaba solo en Arizona, los citaba en el hotel y les ayudaba a rellenar formularios etc...

Para mi estupor el Ministerio me dijo que no había dinero para mi viaje. El coste de mi desplazamiento era modestito, vuelo en turista, una noche en un hotel discreto, un par de taxis y dos comidas. En resumen, unos 465 euros, cifra un tanto ridícula para cubrir los objetivos que menciono. Deduje que las cosas estaban muy mal en Exteriores, que pena.

Hace días, regresé jubilado desde Los Ángeles. Un viaje, con escala, de 17 horas. Los tiempos son austeros y el Ministerio ha decidido que los diplomáticos que se jubilan, aunque realicen un desplazamiento de 17 o 22 horas, han de viajar en turista. Esto es nuevo, los subdirectores de los Ministerios y no hablemos de la gente de las Autonomías siguen desplazándose en 'business' en tramos de siete horas. Colegí que era un nuevo mazazo a la profesión diplomática pero que estamos en crisis y hay que apretarse el cinturón.

Llego a Madrid y leo que debuto en mi condición de jubilado con congelación de la pensión. Esto es más serio aunque, razoné de nuevo, todos tenemos que sacrificarnos para enderezar el país.

Pero hete aquí que voy al Ministerio, donde el ambiente hierve con el recorte salarial de los funcionarios. Y te cuentan cosas, bastantes. Una interesante son los viajes de la señora De la Vega. Parece que nuestra elegante (lo digo sin sorna) y frugal (esto lo digo con sorna) vicepresidenta ha descubierto los encantos de Nueva York. Y se monta un viaje con pretextos dispares, un concierto en la ONU patrocinado por España, la organización de un seminario sobre la transición española, etc... Parece que hay más.

No cuestiono que De la Vega acuda a la atractiva y consumista Nueva York para algo que beneficie a nuestro país (aunque, en época de vacas flacas, sea discutible, la necesidad de la presencia de toda una Vicepresidenta en un seminario a los 25 años de la transición celebrado en español y para un puñado de universitarios). Al contrario, si el asunto es de relieve lo aplaudo. Pero resulta que la Vicepresidenta no se anda con chiquitas. Se lleva el avión oficial, el grande, la acompañan un mínimo de cuarenta personas, lo que significa un mínimo de 400 dólares de hotel por persona cada día, dietas, etc...

Todo resulta frívolo y contradictorio con lo que proclama el Gobierno o su partido. Poco serio ¿Tiene la Vicepresidenta que ir a un concierto en Nueva York con cuarenta personas, utilizar el avión grande, acudir con una corte a hoteles de postín, etc... con la que está cayendo? ¿Cuántos sobran? Como diplomático casi me da igual, aunque sus dos rumbosos periplos hayan coincidido con lo que se me negó a mí. Como ciudadano y contribuyente creo que la Vicepresidenta o el Gobierno me está tomando el pelo”.

Inocencio Arias

18 may 2010

Foto: La vicepresidenta De la Vega, el embajador español en Washington Jorge Dezcallar y el director de la Hispanic Society of America en Nueva York / EFE

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