lunes, 26 de noviembre de 2012

Ferdinand Waldo Demara, un impostor brillante

Ferdinad Wlado Demara.
El gran impostor

Todo el mundo quiere ser alguien. Pero Ferdinand Waldo Demara aspiraba a más. Quería ser casi todo el mundo. Uno de los mayores impostores de todos los tiempos, logró hacerse pasar, con éxito, por teólogo, psicólogo, doctor en filosofía, ayudante del alcaide de una cárcel y cirujano.
Demara nació en Lawrence, Massachussets en 1.921 siendo aún niño huyó de casa y fue a parar a un monasterio en Rhode Island, y a partir de allí vivió de convento en convento sin encontrar nunca asiento.
En 1.941 se enroló en la Marina, allí desarrollaría los métodos que le habrían de servir en un futuro, poco tiempo después desertó e ingresó al monasterio trapense de Kentucky con el nombre de Robert  Linton French, doctor en filosofía, diciendo que estaba harto de la guerra y deseoso tan solo de encontrar la paz en una orden religiosa.  
Se sometió a todas las disciplinas excepto a la de la frugalidad. Empezó robando alimentos y cuando, por una feliz casualidad, se le envió a trabajar en unas viñas, él y otro monje se atiborraron de mosto y renunciaron a sus votos de silencio. Para desgracia suya sus pecados fueron descubiertos. El otro monje se confesó y pudo permanecer en el monasterio, pero Demara fue expulsado.
Demara fue detenido por el FBI por desertor, lo cual le llevó a pagar 18 meses en una prisión militar. Durante ese tiempo editó el periódico de la base y observó el funcionamiento de la prisión, lo cual le serviría en un futuro.              
Contrariamente a la mayoría de los impostores, cuyos fracasos son debidos a fallos de sus planes o a meter la pata, la caída de Demara fue consecuencia de su propia brillantez. Tal sucedió en 1952, cuando se hallaba a la mitad de su más espectacular aventura: lograr que le nombraran teniente cirujano en la Real Armada Canadiense, durante la guerra de Corea, utilizando las credenciales de un médico amigo suyo.
Caracterizado como Médico Militar y cirujano
 Demara, mientras se hacia pasar por un médico que había decidido estudiar teología en New Brunswick, conoció a un tal Joseph C. Cyr. El joven doctor Cyr aspiraba a conseguir una licencia médica norteamericana en Maine, a fin de poder ejercer al mismo tiempo en Canadá y en los EE. UU. Demara se ofreció para presentar la documentación de su amigo en el Colegio de Médicos de Maine. En lugar de hacerlo, se valió de dicha documentación para ingresar en la marina bajo el nombre de doctor Cyr.
Su primer caso como oficial médico a bordo del Cayuga fue extraer un diente al capitán, comandante James Plomer. Demara, que jamás había realizado una extracción, se pasó toda la noche leyendo un libro de odontología. Por la mañana puso al capitán una inyección de novocaína y le extrajo el diente con notable destreza.
A partir de ese momento demostró un asombroso talento para la medicina y la cirugía. Su primer caso importante se presentó cuando fueron subidos a bordo tres soldados surcoreanos heridos. Uno de ellos tenía una bala alojada cerca del corazón. Observado por gran parte de la tripulación, Demara puso manos a la obra como si fuera un experto cirujano. Doce horas más tarde, el soldado se hallaba en condiciones de abandonar el barco. Una semana después, el Cayuga volvió por aquellas aguas y cuando Demara saltó a tierra comprobó que su paciente mejoraba con rapidez.
Durante su estancia en tierra Demara se escandalizó de la falta de atenciones médicas y de material, por lo que montó una clínica. El solo efectuó operaciones y amputaciones a diario.
Para desgracia suya, uno de los oficiales del Cayuga tenia a su cargo las relaciones públicas de la Armada en el Lejano Oriente. Aquella era una historia que no se podía dejar pasar. El oficial preparó una un reportaje para la prensa y la radio, en el que se señalaban las proezas del joven y heroico doctor.
No había transcurrido una semana cuando el relato apareció publicado en los periódicos norteamericanos y canadienses y Demara  era llamado al camarote del capitán. Turbado, el capitán Plomer le anunció que había recibido un mensaje que decía: "Tenemos información de que Joseph C. Cyr, oficial cirujano 17669, es un impostor. Retírele del servicio activo inmediatamente, repito inmediatamente. Abra investigación e informe de los hechos al jefe de personal de la Marina."
El relato había sido publicado  en New Bruswick, donde lo leyó el autentico doctor Cyr. Reconoció en el brillante cirujano al hombre que había conocido y admirado bajo el nombre de Cecil B. Hamann. Para empeorar las cosas, el verdadero doctor Hamann, que vivía en Kentucky, denunció a Demara como expulsado de la universidad de San Luis por falsario.
Demara fue devuelto a Canadá para ser juzgado por un tribunal de la Marina. Se le licenció pagándole todos los haberes devengados y ordenándosele que abandonara el país.
Esto no representó en absoluto el final de la carrera de Demara. Poco después de salir del Canadá vendió el relato de su aventura a una revista; luego viajó de ciudad en ciudad, hasta llegar a Houston, en Texas, donde leyó un anuncio pidiendo personal para el cuerpo de prisiones. Formuló una solicitud para un puesto de funcionario, utilizando el nombre de Ben W. Jones y presentando como referencia, certificados recibidos con sus antiguos seudónimos.
Como de costumbre, demostró poseer dotes para su nuevo trabajo. Organizó clases de escritura y practicas deportivas para los reclusos. Su trabajo mereció pronto la atención del director del Cuerpo de Prisiones de Texas, O. B. Ellis, quien le pidió que aplicara sus iniciativas en la cárcel de Hunstville, que alojaba a los más empedernidos criminales del estado.
Demara se entregó con entusiasmo a su nueva tarea, organizando clases, sesiones de cine, y un régimen de actividades muy eficaz para los presos. Pero en la cumbre de sus éxitos le acechaba el desastre. Cierto día, leyendo una revista, un preso descubrió que Ben W. Jones era Ferdinand Waldo Demara, alias Joseph Cyr, alias Cecil B. Hamann etc.
Ellis convocó un consejo de funcionarios de prisiones para interrogar a Demara Le mostraron la revista y Demara negó rotundamente ser la persona mencionada en el articulo. Acusó a los oficiales de dar mas crédito a la palabra de un  preso que a la suya propia, retando a todo aquel que no le creyese a batirse en duelo. Pero no pudo mantener su arrogancia mucho tiempo; hizo las maletas y se marchó.
Como la mayoría de los jefes que había tenido antes Demara, Ellis confesó que si Demara hubiese regresado con documentación autentica hubiera vuelto a emplearle: “fue uno de los mejores empleados que trabajaron en la cárcel”, declaró.
La noticia en el "Daily Mirror" de 9 de junio de 1982
Demara murió de un ataque cardiaco el 8 de Junio de 1.982 a la de 60 años, se desconoce que lo motivó a llevar una vida camaleónica. Entre las personalidades que asumió se cuentan: cirujano, abogado, ingeniero civil, moje, profesor, psicólogo, alguacil, investigador de cáncer. Se cree que son poco mas de veinte, y en algunas usó su propio nombre, pero en la mayoría uso nombres falsos.
¿Porqué un hombre bien dotado no estudió para obtener títulos auténticos? Cuando se le formuló en una ocasión esta pregunta, respondió elegantemente: “la verdad es que siempre me impulsaba la picardía, una pura y exuberante picardía”. Finalmente se ordenó pastor.
El gran impostor acabó teniendo una personalidad autentica. Un auténtico crack.
Su vida fue objeto de la novela “El gran impostor”, de 1960, escrita por Robert Crichton, adaptada al cine en 1961, llamada “The Great Impostor”, fue estelarizada por el actor Tony Curtis.

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