martes, 12 de febrero de 2013

La Taula de Canvis

Taula de Canis conservada en el Archivo Municipal
de Valencia

La Taula de Canvis o Mesa de Cambio, fue una institución financiera apareció en el siglo XV en distintas ciudades de la Corona de Aragón, en respuesta a la necesidades generadas por el aumento del comercio y los viajes a larga distancia terrestres y marítimos que unían los puertos mediterráneos. Es el precedente más directo de los bancos públicos y sustituyó a las legislaciones, romana y visigoda, que regían hasta entonces. Las primeras Taulas de Canvis aparecen durante el reinado de Jaime I El Conquistador (1213-1276).

Su finalidad era evitar la morosidad, usura, quiebras y descrédito en las operaciones financieras. Los Canvistes, hoy banqueros, instalaban sus oficinas en los lugares que se les designaba de las ferias, al aire libre y bajo soportales y su infraestructura se componía de un banco y de un simple tablero de madera, como mesa y soporte de las operaciones financieras y en ella se contaba el dinero, se hacían pagos y cobros y cualquier otro tipo de operaciones.

La Taula de Barcelona se creó el 20 de enero de 1401 y es considerado como el  primer banco público de la historia y dio lugar a los llamados  “Usatges” —usos— de Barcelona que eran un conjunto de reglas o normas, de obligado cumplimiento en las operaciones y transacciones financieras. En 1407 Martín el Humano autorizó la creación de la Taula de Canvis i Depòsits de Valencia a imitación de barcelonesa.
Taula de Canvis

Estas son algunas de las normas que estableció esta primera legislación bancaria:

El 13 de febrero de 1300 se estableció que cualquier banquero que se declarara en bancarrota sería humillado por todo el pueblo, por un voceador público y forzado a vivir a base de una estricta dieta de pan y agua hasta que devolviese a sus acreedores la cantidad completa de sus depósitos.


El 16 de mayo de 1301 se decidió que los banqueros estarían obligados a obtener fianzas y garantías de terceras partes para poder operar, y a aquellos que no lo hicieran no se les permitiría extender un mantel —tapete— sobre sus cuentas de trabajo. El propósito de ello era señalar a todo el mundo que estos banqueros no eran tan solventes como aquellos que usaban manteles, es decir, que estaban respaldados por fianzas. Cualquier banquero que rompiera esta regla (por ejemplo, que operase con un mantel, pero sin fianza) sería declarado culpable de fraude, delito que se castigaba muy severamente.

Sin embargo, a pesar de todo, los banqueros pronto empezaron a engañar a sus clientes y debido a esos engaños:

El 14 de Agosto de 1321 se estableció que si el titular de una “Taula de Canvi” engañaba y estafaba a sus clientes, si falsificaba la moneda, si no cumplía con sus obligaciones, si trabajaba sin tener fiadores, si hacía un uso indebido del mantel que debía cubrir la taula, si no pagaba sus deudas, era severamente castigado. Por un lado, in situ y públicamente, se le rompía la mesa y el banco, y de ahí la expresión de «declarado en bancarota». Además, era objeto de escarnio y de humillación pública: un vocero o pregonero municipal se encargaba de denunciar públicamente al estafador.

Pirograbado de Raquel Maciá que representa a un
canvista en la Taula de Canvis
Existen evidencias documentales de que esto se cumplía. Por ejemplo, el banquero catalán Francesc Castelló, fue decapitado directamente frente a su mostrador en 1360, en estricto cumplimiento de la ley.
Suerte tienen los banqueros de este país en que no están en vigor las normas de obligado cumplimiento que establecieron las “taulas de canvis” para acabar con la especulación y la corrupción. Sabemos sobradamente que durante Edad Media, los culpables de cualquier delito pagaban bien cara su falta, cosa que en la actualidad ocurre de manera totalmente contraria.

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