miércoles, 17 de octubre de 2012

Anécdotas de don Pedro Muñoz-Seca


Don Pedro vivía, desde sus tiempos de estudiante, en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba auténtico afecto.
Falleció la mujer, y a los pocos días el marido, más de pena que de enfermedad pues era un matrimonio profundamente enamorado.
El hijo de los porteros se dirigió a don Pedro, muy afectado tras la muerte de sus padres, y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de Muñoz Seca surgieron estos versos:

FUE TAN GRANDE SU BONDAD, TAL SU GENEROSIDAD Y LA VIRTUD DE LOS DOS QUE ESTÁN, CON SEGURIDAD, EN EL CIELO  JUNTO A DIOS.

Corría mil novecientos veintitantos y, en aquella época, era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos. Así que don Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid reconviniéndole a modificar el verso, puesto que nadie, ni siquiera el propio Obispo de la diócesis o el Santo Padre, incluso, podían afirmar de un modo tan categórico que unos fieles hubieran ascendido al cielo sin más. Don Pedro rehízo el verso y lo remitió a la Curia, del modo siguiente:

FUERON MUY JUNTOS LOS DOS, EL UNO DEL OTRO EN POS, DONDE VA SIEMPRE EL QUE MUERE, PERO NO ESTÁN JUNTO A DIOS PORQUE EL OBISPO NO QUIERE.

Nueva carta de la Curia. El Obispo, tras recriminar al autor lo que cree —con toda la razón del mundo— una burla y un choteo de Muñoz-Seca, le exige una rectificación ya que no es el Obispo el que no quiere, pues ni siquiera es voluntad de Dios. Él no decide nuestro futuro, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no. Así que don Pedro remata la faena, escribiendo un verso que jamás se colocó en enterramiento alguno porque la Curia jamás le contestó:

VAGANDO SUS ALMAS VAN, POR EL ÉTER, DEBILMENTE, SIN SABER QUE ES LO QUE HARÁN, PORQUE, DESGRACIADAMENTE, NI DIOS SABE DÓNDE ESTÁN.

Un día le preguntó un crítico literario cuáles eran, a su juicio, los cinco más importantes hombres de las letras españolas contemporáneas y don Pedro rápidamente elaboró una respuesta:
  •  Don Miguel de Unam-uno
  •  Benito Pérez Gal-dos
  •  Miguel de Cervan-tres
  •  Luca de Tena, Don Tor-cuatro
  •  Benavente, Don Ja-Cinco

 Sencillamente genial.

Foto: Don Pedro Muñoz-Seca

miércoles, 10 de octubre de 2012

Adiós Barça


Aquí pongo la carta de un aficionado “culé”, de esos ¿bobos? que abonan una cuota sin ir a ver ningún partido para mantener la “grandiosidad” del Barça, a su política partidista y a sus dirigentes políticos.

Esta es la esta:

Quiero compartir el siguiente mensaje remitido al F.C. Barcelona, como socio de este club desde hace años, y tras lo ocurrido en el campo nuevo este fin de semana; enviado hoy a las 18 horas a la oficina de atención al barcelonista.

Hola, buenas tardes. Socio número 106713 en la actual campaña. Visto el lamentable escenario político a mi parecer, que se ha montado en el Campo Nuevo este fin de semana, con motivo del partido F.C. Barcelona-R.Madrid, mezclando política con deporte, ante un rival, no un enemigo, en una liga, que es española, que de momento, también es de Uds. y ha dado siempre grandeza deportiva al F. C. B, obteniendo en ella, más peñas fuera de Cataluña que en ella misma, más aficionados al Barça en el resto de España, que en la comunidad catalana, algún socio que otro, de fuera de Cataluña como es mi caso, por lo cual, ya no puedo seguir donando el dinero año tras año correspondiente a la cuota de socio, porque lo mío era una donación, al club que he amado desde la infancia, que quede bien claro, ya que, no voy al campo desde hace años, y las veces que he ido, han sido escasas por diversos motivos; así entonces sin más rodeos, me gustaría que lean bien alto lo siguiente:

QUIERO CAUSAR BAJA CON CARÁCTER INMEDIATO, COMO SOCIO DEL FÚTBOL CLUB BARCELONA, TRAS LA MANIFESTACIÓN INDEPENDENTISTA DEL PASADO DOMINGO DÍA 7 DE OCTUBRE DEL 2012, EN EL CAMPO NUEVO DEL F. C. B.

Muy atentamente, me despido de Uds. para siempre. Adiós Barça.
Un abrazo.

A ver si aprenden los demás que están en su caso que desgraciadamente hay más de uno.

Foto: Campo del F.C. Barcelona el pasado domingo con motivo del encuentro con el Real Madrid

martes, 9 de octubre de 2012

Pio Baroja y las clases de españoles


Corría el año 1904, en Madrid, en las cercanías de la Puerta del Sol, en la calle Arenal, tenía su sede el Nuevo Café de Levante. Como todas las noches, se daban cita la flor y nata de la intelectualidad y el artisteo de aquellos tiempos. El foco de atención giraba en torno a la tertulia que cofundara el insigne gallego Ramón María del Valle-Inclán, y en la que destacaban nombres como los de Ignacio Zuloaga, Gutiérrez Solana, Santiago Rusiñol, Mateo Inurria, Chicharro, Beltrán Masses o Rafael Penagos.
Entre las muchas curiosidades y hechos relevantes que allí sucedieron, viene al caso una anécdota acaecida en la tarde noche del 13 de mayo de 1904. Tuvo como protagonista al escritor y médico donostiarra Pío Baroja. Sucedió que discurriendo la tertulia por los vericuetos de discernir y escudriñar sobre la naturaleza de los españoles y las distintas clases que había de españoles, el insigne novelista vasco sorprendió a todos y dijo: «La verdad es que en España hay siete clases de españoles... sí, como los siete pecados capitales. A saber: los que no saben; los que no quieren saber; los que odian el saber; los que sufren por no saber; los que aparentan que saben; los que triunfan sin saber, y los que viven gracias a que los demás no saben. Estos últimos se llaman a sí mismos políticos, y a veces hasta intelectuales».
Pues eso. La anécdota, no por antigua y conocida ha perdido toda su vigencia. Sin más comentarios.

Foto: Caricatura de Pío Baroja

La honestidad ¿un valor en desuso?

Vivimos en un tiempo donde lo importante parece ser los resultados, los logros, lo visible, siendo la honestidad un valor perdido. Cada día, en esta sociedad que tenemos, la corrupción nos domina por todos lados, la ambición y la necesidad de estar por encima de los demás es superior a cualquier resquicio de honestidad que pueda quedar en nuestro interior. Pues bien os voy a contar una bonita fábula china sobre el valor de la honestidad:

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país iba a ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, antes debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una prueba entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de casarse con él.
 Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una recepción especial a todas las pretendientes y les lanzaría un desafío.
Una anciana que servía desde hacía muchos años en el palacio, cuando se enteró de la noticia sintió tristeza porque sabía que su joven hija estaba enamorada del príncipe.
Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la recepción y sin dar crédito le preguntó:
¾     ¿Hija mía, que vas a hacer en el Palacio? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Quítate esa idea de la cabeza y no hagas que tu sufrimiento se convierta en locura".
La hija respondió:
¾     No, te preocupes querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz".
Por la noche la joven llegó al Palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más claras intenciones. Finalmente, tras la recepción a las pretendientes, el príncipe anunció el desafío:
¾     "Daré a cada una de vosotras una semilla, aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida como mi esposa y futura emperatriz de China"
La propuesta del príncipe seguía las tradiciones del pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar cualquier tipo de arte, incluida las relaciones humanas.
Pasó el tiempo y la dulce joven, que no gozaba de  mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y de la semilla no salía ninguna flor. La joven intentó todos los métodos que conocía pero sin ningún resultado positivo. Con el paso de los días veía como su sueño se alejaba aunque su amor fuese cada vez más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y de su semilla no había brotado nada.
A pesar de su esfuerzo y dedicación la muchacha le dijo  a su madre que iría al palacio en la fecha acordada aunque sólo sea para estar cerca del príncipe un momento.
El día señalado se presentó en el palacio con su vaso vacío. Todas las demás pretendientes tenían una flor en su vaso, a cada cual más bella y de las más variadas formas y colores.
La joven estaba admirada, nunca había visto una escena tan bella. Al final, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con especial atención. Después de pasar por cada una de las pretendientes  anunció su resultado:
¾     La bella joven del  vaso vacío será mi  futura esposa y la próxima emperatriz de China.
 Se generó un profundo murmullo en la corte ya que nadie entendía la elección del príncipe ya que precisamente era la única que no había cultivado nada.
Ante la expectación creada, el  príncipe explicó su elección:
¾     Esta joven fue la única que de verdad cultivó la semilla que le entregué hace seis meses y por ello es la más digna para convertirse en emperatriz, ella es la “flor de la honestidad” ya que todas  las semillas que entregué a las pretendientes eran estériles.

Maravilloso relato, ¿no? La fábula nos quiere decir que si para alcanzar tú objetivo, estuviera en juego tu honestidad, no lo hagas y siempre serás un ganador y no habrás perdido tus principios. Que cada uno se lo aplique como mejor le convenga.

Foto: Pareja china.
Fuente: Fábula China de autor desconocido

lunes, 8 de octubre de 2012

Cataluña nunca fue independiente


El artículo publicado por Francisco Marhuenda en La Razón, parece que escoció a los separatistas catalanes y fue objeto de un acalorado debate en RAC 1 con Pilar Rahola, periodista partidista y poco versada en historia de la que discute como si le fuese la vida en ello y donde muestra un profundo desconocimiento que le hace decir las “tonterías” que se escucharon en la radio.
Evidentemente no puedo estar más de acuerdo con Francisco Marhuenda, desde el punto de vista histórico, ya que Cataluña, por mucho que duela a la Sra. Rahola, nunca fue independiente, ni fue nación ni estado propio y sería bueno recordarles a todos estos “secesionistas” que el 7 de octubre de 1934 el gobierno de la República, presidido por Niceto Alcalá-Zamora y Torres, y siendo Presidente del Consejo de Ministros Alejandro Lerroux  García, declaró el Estado de Guerra en todo el territorio de la República Española debido, según cita textual:  el Presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá. Ante esta situación, el Gobierno de la República ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el país. Estat catalá que no duró ni un telediario.
Reproduzco a continuación el artículo de Francisco Marhuenda objeto del referido rifirrafe con los nacionalistas catalanes:

Los nacionalistas han convertido la caída de Barcelona, el 11 de septiembre de 1714, ante las fuerzas de su rey legítimo, Felipe V, en la fiesta nacional de Cataluña. Estamos ante un despropósito histórico, que no se puede corregir porque se ha convertido en un mito. Es cierto que todas las naciones y pueblos tienen sus mitos, pero con el tiempo se superan, abrazan los suyos con obsesivo fervor. Felipe V asumió la corona sin dificultad, aunque con unos pactos que querían impedir una unión entre Francia y España. Es cierto que el otro candidato, el archiduque Carlos, también podía esgrimir derechos legítimos, pero los del duque de Anjou eran más sólidos y había sido elegido por el difunto rey.
Las élites dirigentes catalanas, porque el pueblo no era un sujeto activo, fueron inicialmente leales a Felipe V, pero al estallar la Guerra de Sucesión pensaron que podían obtener mayores beneficios si se unían al archiduque Carlos, que era apoyado, entre otros, por Austria, Gran Bretaña y Holanda. Fue una guerra continental en la que realmente se dirimía la preocupación porque Luis XIV obtuviera una posición hegemónica si también controlaba la decadente España y su Imperio. Al final, la natural perspicacia de una parte de la aristocracia y la burguesía catalanas hizo que apostaran por el perdedor y la «recompensa» fueron los Decretos de Nueva Planta. Cabe recordar que el reformismo borbónico fue bueno para España. Por cierto, el archiduque Carlos olvidó sus pretensiones cuando murió en 1711 su hermano, el emperador austríaco José I, y le sucedió como Carlos VI. Hasta 1886, el 11 de septiembre quedó en el olvido, lo cual demuestra la huella que había dejado en el pueblo catalán. Un nacionalismo emergente decidió convertirlo en el símbolo de la patria perdida. Desde entonces, se dedicó a un laborioso esfuerzo de «arqueología voluntarista» y convirtió a Wilfredo el Velloso en «padre» de la nación catalana; a Jaume I, en un gran patriota (olvidando que repartió su reino entre sus hijos o cedió Murcia a su yerno, el rey castellano); el Compromiso de Caspe, en una traición; la Corona de Aragón en la confederación catalanoaragonesa y tantos otros hitos faltos de rigor y fundamento histórico. Cataluña nunca fue independiente, porque jamás existió como nación o estado. En la Edad Media no existía la soberanía nacional, era dinástica, ni la nación tal como se define desde hace más de cien años. Es cierto que el nacionalismo tiene historiadores que, ofuscados por el partidismo, reescriben la Historia y la hacen decir aquello que nunca sucedió, tal como pretenden. Los catalanes celebran mañana una ficción. Otra de tantas.
Francisco Marhuenda
10 Septiembre 12

Cada uno que piense lo que quiera pero la historia no se puede cambiar al antojo de unos cuantos políticos interesados en su propia supervivencia.
Foto: Francisco Marhuenda y Pilar Rahola.

lunes, 1 de octubre de 2012

La misión más arriesgada del Comandante Orestes


El 20 de marzo de 1991 despegaba de una base aérea cubana el comandante Orestes Lorenzo en un caza "MIG-23", el avión más moderno de la fuerza aérea cubana. A toda velocidad y a baja altura cruzó en menos de 10 minutos los 150 km que separan Cuba de los Estados Unidos.
Como volaba casi a ras del agua, ni los radares cubanos ni los norteamericanos advirtieron su presencia y Orestes pudo aterrizar sin problemas en la base aeronaval de Boca Chica, en los Cayos de la Florida. Allí solicitó asilo y, una vez superados los interrogatorios a los que fue sometido, recibió el estatus de refugiado político.
La deserción de Orestes Lorenzo fue una bofetada al régimen castrista. El comandante Orestes Lorenzo era uno de los pilotos de élite de la fuerza aérea y un veterano de la Guerra de Angola, que había realizado dos periodos de entrenamiento en la Unión Soviética. Fue durante el último de ellos, ya con la perestroika de Gorbachov en marcha, cuando Orestes empezó a cuestionar el régimen comunista y su vida en Cuba. En la Unión Soviética empezaban a soplar vientos de libertad.
A su regreso a Cuba empezó a planificar su deserción con la esperanza de que, una vez en Estados Unidos, su mujer, Victoria, y sus dos hijos pudieran reunirse con él. Después de fugarse en el avión y ya en calidad de refugiado, reclamó la salida de su familia de la isla, pero se topó con la negativa de Raúl Castro, en ese momento Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.Castro de ninguna manera permitiría salir de Cuba a la familia de un militar de élite que había traicionado la confianza depositada en él y había puesto en ridículo al régimen.
Orestes recurrió a la comisión de derechos humanos de la ONU sin resultado alguno. Coincidiendo con la cumbre Iberoamericana celebrada en Madrid en 1992, con la presencia de Fidel Castro, realizó un acto de protesta encadenándose a las verjas del Parque del Retiro. La Reina Sofía realizó gestiones personales ante Fidel para lograr la salida de Victoria y sus dos niños de Cuba. Incluso el asunto llegó hasta el despacho de Mijaíl Gorbachov. Todo fue infructuoso. Raúl Castro, a través de su ayudante personal, le hizo llegar su respuesta a Victoria: “Dígale a su marido que, si tuvo los cojones para llevarse un avión, que los tenga también para venir a buscarles personalmente”
Orestes Lorenzo llegó a publicar una carta abierta a Fidel Castro en el “Wall Street Journal” en la que ofrecía presentarse a juicio en Cuba si se permitía a su mujer y a los niños viajar a Estados Unidos. Tampoco hubo respuesta. Ante las escasas perspectivas de sus gestiones internacionales, la desesperación hizo presa en el ex militar cubano. Decidió entonces que, si no tenía éxito por las buenas, iría él mismo a sacar a su familia de Cuba.
Conocía los aviones rusos, pero tenía que entrenarse en modelos convencionales occidentales. Consiguió la licencia de piloto deportivo en poco tiempo y, con 30.000 dólares prestados por una organización humanitaria de exiliados cubanos, adquirió una vieja avioneta bimotor “Cessna 310” con todo en regla. A través de un par de amigas mejicanas que viajaron a Cuba, hizo llegar secretamente a su familia la fecha, el lugar y la hora exacta donde debían esperarlo para el rescate que había puesto en marcha.
El día elegido fue el 19 de diciembre a las cinco de la tarde. Despegó desde un pequeño aeroclub cercano a Miami, advirtiendo de que, si no regresaba en el plazo de un par de horas, lo diesen por muerto. Volando a muy baja altura (2 metros sobre el océano para evitar los radares), la avioneta se aproximó a la isla al atardecer y se dirigió a la angosta carretera frente a la playa El Mamey, muy cerca de Varadero, a unos 150 kilómetros al este de La Habana. Pronto, su mujer y los niños, que esperaban en la carretera según lo acordado, escucharon el ronroneo del motor y vieron el aparato.
Lo que Orestes no había previsto en su minucioso plan fue que a esa hora la carretera estuviese transitada. El escenario no podía ser peor: en el tramo previsto para el aterrizaje coincidieron un coche, un tractor, un autobús con turistas y una gigantesca piedra en medio de la vía. Balanceando las alas, el piloto casi rozó el techo del coche, tocó tierra y se detuvo a ocho metros del autobús con los turistas petrificados en sus asientos y los ojos a punto de salírseles de las órbitas.
Casi dos años después de la separación, Orestes vio aparecer a su familia corriendo frente al avión. En la carrera, Alejandro, el menor de los niños, perdió un zapato. Para evitar un accidente con las hélices y preparar el despegue, invirtió la dirección del avión y abrió la portezuela de la cabina. Todo en menos de un minuto.
Orestes logró despegar, pero dentro del avión el miedo paralizaba a sus ocupantes. Victoria tenía la vista fija en el cielo temiendo que aparecieran los cazas cubanos. Rezaba. Los niños estaban asustados, confundidos, lloraban. Solamente cuando la aeronave traspasó el paralelo 24, límite del espacio aéreo de Cuba, la tensión aflojó. Casi una hora más tarde, la avioneta aterrizaba de vuelta a Florida.
El revuelo mediático que causó la hazaña de Orestes fue tremendo, ya que por segunda vez había hecho quedar en ridículo al régimen castrista. En la primera rueda de prensa dijo: “Díganle a Raúl Castro que le he tomado la palabra y he ido personalmente a recoger a mi familia”.
En la actualidad Orestes es un próspero empresario que dirige su propia empresa constructora en Miami, algo que en Cuba jamás hubiera podido hacer.
Increíble su arrojo y decisión.

Fotos: Instantáneas de la deicada misión del Comandante Orestes Lorenzo